El escritor Matthew Gavin Frank reflexiona sobre los riesgos de convertir una tragedia real en literatura a partir del asesinato de la periodista Kim Wall. Su testimonio plantea una pregunta incómoda: ¿es posible narrar el horror sin participar de su explotación?
Los límites éticos del true crime se han convertido en una cuestión fundamental ante el auge de libros, documentales, series y pódcast dedicados a reconstruir asesinatos y desapariciones. Pero ¿qué responsabilidad tiene quien decide contar estas historias? ¿Dónde termina la investigación y comienza el espectáculo?
Pero ¿qué responsabilidad tiene quien decide contar esas historias?
El escritor estadounidense Matthew Gavin Frank aborda esta cuestión en un ensayo publicado el 20 de octubre en CrimeReads. Su reflexión nace de la investigación para «Submersed», un libro sobre la fascinación humana por las profundidades marinas y el peculiar universo de los constructores aficionados de submarinos.
Una investigación que terminó enfrentándolo al asesinato de la periodista sueca Kim Wall.
Kim Wall: la periodista detrás del crimen
En agosto de 2017, Kim Wall desapareció mientras preparaba un reportaje sobre Peter Madsen, un inventor danés conocido por construir sus propios submarinos. Había embarcado para entrevistarlo, pero nunca regresó. Madsen fue posteriormente condenado por su asesinato.
El caso alcanzó una enorme repercusión internacional. La singularidad del escenario y las circunstancias del crimen alimentaron una cobertura mediática extraordinaria.
Sin embargo, detrás de aquella historia había una periodista que estaba haciendo su trabajo.
Y ahí comienza el conflicto que plantea Frank: cuando un asesinato se convierte en espectáculo, la víctima corre el riesgo de desaparecer detrás de la figura del criminal.
El escritor frente a su propia curiosidad
Lo más interesante del ensayo no es la reconstrucción del caso, sino la incomodidad con la que Frank examina su propio trabajo.
Mientras investigaba el mundo de los submarinos, descubrió que su curiosidad lo conducía inevitablemente hacia el asesinato de Wall.
El escritor se enfrenta entonces a una contradicción: puede intentar evitar el sensacionalismo y respetar a las víctimas, pero eso no elimina necesariamente los problemas éticos de volver a contar una tragedia.
¿Dónde termina la voluntad de comprender y comienza la fascinación por lo macabro?
Frank no ofrece respuestas tranquilizadoras. Reconoce sus propias contradicciones y cuestiona los mecanismos de una industria que transforma el sufrimiento real en contenido cultural.
Los límites éticos del true crime: entre información y espectáculo
El auge del true crime ha permitido recuperar investigaciones olvidadas, denunciar injusticias y dar visibilidad a numerosas víctimas. Pero también ha consolidado una industria que necesita nuevas historias y nuevas formas de mantener la atención.
Una reconstrucción puede aportar información relevante o recrearse innecesariamente en la violencia. Un documental puede denunciar un crimen y, al mismo tiempo, convertir a su responsable en una figura fascinante.
La diferencia no reside únicamente en lo que se cuenta, sino en cómo se cuenta y con qué finalidad.
En una novela negra, el autor construye personajes y decide sus destinos. En el true crime, las personas retratadas existieron y sus familias continúan viviendo con las consecuencias de lo sucedido.
Kim Wall era mucho más que la víctima de Peter Madsen. Era una periodista con una trayectoria propia. Sus padres, Ingrid y Joachim Wall, han contribuido a mantener vivo su legado mediante iniciativas de apoyo a mujeres periodistas.
Recordar quién era, en lugar de recrearse en cómo murió, supone una manera muy distinta de acercarse a su historia.
Contar el crimen sin olvidar a las personas
La reflexión de Matthew Gavin Frank trasciende su libro y alcanza al periodismo, la literatura y las producciones audiovisuales dedicadas al crimen real.
No se trata de renunciar a las historias difíciles, sino de reconocer que narrarlas implica tomar decisiones: quién ocupa el centro del relato, qué detalles resultan necesarios y dónde se encuentra la frontera entre información y morbo.
Una historia puede estar magníficamente escrita y, aun así, plantear serios dilemas éticos.
Quizá la pregunta más importante del true crime no sea qué ocurrió, ni siquiera por qué ocurrió.
Quizá sea por qué necesitamos seguir contándolo y qué responsabilidad asumimos cada vez que lo hacemos.
Fuentes
- Matthew Gavin Frank. Ensayo sobre Kim Wall y la ética del true crime. CrimeReads, 20 de octubre de 2026.
- Matthew Gavin Frank. «Submersed». Pantheon / Vintage.
-
International Women’s Media Foundation. Kim Wall Memorial Fund.
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