En «El material humano», de Rodrigo Rey Rosa, todo comienza con un incendio y una serie de explosiones. Es la madrugada del 17 de junio de 2005 y un polvorín del Ejército Nacional, situado en una zona marginal de Ciudad de Guatemala, acaba de quedar parcialmente destruido. En sus instalaciones se almacenaban proyectiles y restos del material bélico utilizado durante el conflicto armado que asoló el país entre 1960 y 1996.
Un incendio, unos explosivos desaparecidos y el hallazgo de millones de documentos policiales ocultos durante años. En «El material humano», Rodrigo Rey Rosa convierte el descubrimiento de un archivo de la antigua Policía Nacional de Guatemala en una exploración literaria sobre la violencia, la memoria y los mecanismos del poder. Una novela donde la realidad resulta más inquietante que cualquier ficción criminal.
La Procuraduría de los Derechos Humanos decide investigar la existencia de otros depósitos que puedan representar un peligro semejante. Uno de los lugares inspeccionados es La Isla, un complejo policial situado al norte de la capital. Allí se encuentran una academia de policía, dependencias de investigación criminal, un depósito de vehículos, una perrera, un hospital abandonado y otro polvorín.
Sin embargo, cuando llega el momento de la inspección, los explosivos que supuestamente debían encontrarse allí han desaparecido.
Lo que aparece en su lugar resulta mucho más perturbador.
En un edificio que, según los investigadores, había funcionado como centro de torturas, con numerosas ventanas tapiadas, un funcionario descubre habitaciones enteras repletas de papeles, carpetas, cajas y sacos de documentos policiales.
Acaba de salir a la luz uno de los archivos más importantes para reconstruir la historia de la represión en Guatemala.
«El material humano»: ochenta millones de documentos y una historia enterrada
El 6 de julio de 2005, la prensa guatemalteca informa del descubrimiento. Se calcula que el archivo contiene más de ochenta millones de documentos, algunos procedentes de la década de 1890.
Durante años, aquel inmenso conjunto de expedientes había permanecido fuera del conocimiento público. Rodrigo Rey Rosa plantea que posiblemente fue trasladado a esas instalaciones durante la disolución de la antigua Policía Nacional, después de los acuerdos de paz firmados en 1996.
No hay, sin embargo, una explicación definitiva sobre quién ordenó el traslado ni sobre las razones por las que los documentos permanecieron allí.
Esa incertidumbre forma parte de la historia.
Porque lo verdaderamente inquietante no es únicamente la cantidad de papeles acumulados, sino lo que representan. Durante décadas, la policía había registrado nombres, identidades, actividades y movimientos de personas sometidas a distintos mecanismos de vigilancia.
En un país marcado por la violencia política, aquellos expedientes podían contener información esencial para comprender cómo habían funcionado las estructuras de control y represión.
El archivo se convierte así en un lugar donde el pasado permanece físicamente presente, aunque todavía resulte imposible conocer todo lo que esconde.
Rodrigo Rey Rosa entra en el laberinto
El escritor guatemalteco llega al archivo con una intención concreta: investigar los casos de intelectuales y artistas que habían sido vigilados por la policía, así como los de quienes pudieron colaborar con ella como informantes o delatores.
Pero pronto descubre que su proyecto es prácticamente imposible.
La documentación se encuentra en un estado de desorden extraordinario. El responsable del proyecto de recuperación le advierte que harán falta aproximadamente quince años para clasificarla.
Le propone, sin embargo, una alternativa: visitar el Gabinete de Identificación, una sección cuyos documentos habían sobrevivido relativamente agrupados y ya habían sido catalogados.
El hallazgo de aquellas fichas también tiene algo de insólito.
Durante las labores de recuperación, los trabajadores descubren que bajo un montículo de tierra, sobre el que circulaban las carretillas utilizadas para trasladar documentos, se encuentran enterradas fichas policiales, fotografías y cartulinas.
El paso del tiempo y las grietas provocadas por la sequía permiten localizar lo que había permanecido inadvertido durante semanas.
Es difícil imaginar una metáfora más poderosa: la identidad de miles de personas literalmente enterrada bajo la tierra de un antiguo complejo policial.
Pero Rey Rosa no necesita convertirla en metáfora. Le basta con contar cómo ocurrió.
Benedicto Tun: medio siglo clasificando personas
En su primera visita, el narrador conoce a Ariadna Sandoval, una joven archivista de veintitrés años encargada de limpiar y catalogar los documentos del Gabinete de Identificación.
Ella le habla de un nombre que aparece constantemente en las fichas: Benedicto Tun.
Tun fundó el Gabinete en 1922 y permaneció al frente de la institución hasta su jubilación, en 1970. Durante casi medio siglo se dedicó a clasificar y analizar documentos policiales.
Ariadna propone al escritor que utilice su figura como hilo conductor de la investigación.
La sugerencia introduce una de las cuestiones más interesantes de «El material humano»: la relación entre las personas y los sistemas burocráticos que construyen y administran su identidad.
Una ficha policial puede parecer un objeto insignificante. Un nombre, una fotografía, una descripción física, una fecha. Pero, cuando esos registros forman parte de una estructura de vigilancia, adquieren otro significado.
¿Quién decide qué información debe conservarse sobre una persona? ¿Con qué criterios se clasifica a los ciudadanos? ¿Qué consecuencias puede tener una anotación policial?
El libro se aproxima a estas preguntas sin necesidad de presentar a Benedicto Tun como un villano ni de anticipar conclusiones sobre su responsabilidad.
Su importancia reside, inicialmente, en haber dedicado casi cincuenta años a una tarea que permite observar el funcionamiento cotidiano de una institución.
La maquinaria del control también se construye mediante rutinas administrativas.
Un escritor entre archivistas y policías
Hay otro aspecto que distingue «El material humano» de una novela de investigación convencional: la actitud de su narrador.
Rey Rosa no se presenta como un detective decidido a resolver un misterio. Reconoce que empezó a frecuentar el archivo casi como un entretenimiento, en una época en la que no tenía ningún proyecto literario concreto.
Durante aproximadamente tres meses atraviesa cada mañana Ciudad de Guatemala para visitar La Isla.
Allí observa el trabajo de los archivistas, algunos antiguos rebeldes o humanistas, que limpian y clasifican los documentos bajo la vigilancia de agentes policiales.
Él mismo sospecha que los trabajadores lo consideran una presencia incómoda, una especie de visitante ajeno a una tarea que exige paciencia y dedicación.
Mientras tanto, llena cuadernos y hojas sueltas con impresiones, encuentros y observaciones.
La novela empieza a tomar forma precisamente en ese proceso.
El escritor descubre que el ambiente del archivo, las personas que lo habitan y las circunstancias de su recuperación poseen una intensidad narrativa propia.
No necesita inventar una conspiración para encontrar materia literaria. La realidad que tiene delante ya contiene suficientes preguntas sin respuesta.
La memoria bajo vigilancia
Uno de los detalles más reveladores de la introducción es la advertencia que recibe el narrador antes de consultar los documentos.
El responsable del proyecto le pide que no examine expedientes posteriores a 1970, tanto por su propia seguridad como porque algunos casos podrían seguir abiertos o pendientes ante los tribunales.
La indicación resulta especialmente significativa.
Aunque el conflicto armado terminó oficialmente en 1996, el pasado no ha perdido necesariamente su capacidad de afectar al presente. Los documentos pueden contener información delicada y relacionarse con personas o procedimientos todavía relevantes.
El archivo no es, por tanto, un simple depósito de historia antigua.
Es un espacio donde memoria, justicia y seguridad se encuentran en una relación difícil.
Y donde recuperar información no equivale automáticamente a poder utilizarla sin consecuencias.
Esa tensión sitúa «El material humano» en un territorio cercano a la literatura criminal, pero alejado de sus fórmulas más habituales.
Aquí el misterio no consiste en identificar a un asesino. Consiste en comprender cómo funcionaba un sistema capaz de registrar, vigilar y perseguir a sus ciudadanos.
«El material humano»: una novela negra sin necesidad de inventar crímenes
Rodrigo Rey Rosa construye una obra que se mueve entre el diario, la investigación documental, la memoria personal y la ficción.
La narración avanza a partir de observaciones, conversaciones y documentos, sin adoptar necesariamente la estructura de un relato policial tradicional.
Su fuerza procede de la contención.
El autor no necesita recrearse en la violencia ni describir escenas espectaculares. La posibilidad de que un edificio hubiera sido utilizado como centro de torturas, la desaparición de explosivos antes de una inspección o el descubrimiento de fichas enterradas bajo un sendero bastan para transmitir una inquietud profunda.
Son hechos y circunstancias que obligan a mirar de otra manera la historia de Guatemala.
También nos recuerdan que el crimen puede adoptar formas institucionales y que sus consecuencias no siempre se comprenden a través de las acciones de un único individuo.
A veces es necesario observar los procedimientos, las jerarquías y los documentos que permiten reconstruir el funcionamiento de todo un sistema.
Desde esa perspectiva, «El material humano» amplía nuestra manera de entender la literatura negra.
No busca proporcionar el alivio de un caso resuelto. Nos enfrenta a la dificultad de investigar una historia demasiado extensa, dolorosa y compleja para quedar encerrada en una explicación sencilla.
Rodrigo Rey Rosa y las heridas de Guatemala
Nacido en Guatemala en 1958, Rodrigo Rey Rosa ha construido una trayectoria literaria marcada por la precisión de su escritura y por su interés en las relaciones entre violencia, identidad y poder.
Su narrativa suele evitar las explicaciones excesivas y concede especial importancia a aquello que permanece ambiguo o fuera del alcance de los personajes.
En «El material humano», esa mirada encuentra un escenario especialmente significativo.
El escritor no se limita a situar una historia en Guatemala. Se introduce en uno de los espacios donde se conserva parte de la memoria documental de su país y convierte su propia experiencia de investigación en materia narrativa.
El resultado es una obra difícil de encasillar, donde la literatura permite formular preguntas que los documentos, por sí solos, no siempre pueden responder.
Porque un archivo puede conservar millones de datos y seguir siendo incapaz de explicar completamente el miedo, el sufrimiento o las decisiones humanas que hay detrás de cada expediente.
Por qué recuperamos «El material humano» en Radar Negro
Radar Negro nació para recuperar obras que merecen seguir siendo leídas, más allá de las novedades y de la velocidad con la que se renuevan las mesas de las librerías.
«El material humano», publicada originalmente en 2009 y editada por Alfaguara en España en 2017, encaja plenamente en esa intención.
Es una novela que nos lleva a Guatemala y a una tradición literaria donde la violencia política, la memoria histórica y la impunidad no funcionan como simples decorados para una intriga.
Son el centro mismo de la reflexión.
El fragmento inicial basta para comprender su singularidad: un escritor entra en un archivo policial con la intención de investigar unos expedientes y descubre que el verdadero objeto de su interés puede ser el propio archivo, sus trabajadores, sus silencios y las historias que todavía esperan ser reconstruidas.
No sabemos cuántas respuestas encontrará.
Pero hay algo que la obra plantea desde sus primeras páginas: los documentos que una institución acumula para ejercer el control pueden acabar convirtiéndose en testimonios fundamentales para investigar su pasado.
La literatura no siempre necesita inventar un crimen. A veces basta con abrir una puerta, encontrar ochenta millones de documentos y preguntarse por qué permanecieron ocultos durante tantos años.
Ficha editorial
Título: «El material humano»
Autor: Rodrigo Rey Rosa
Editorial: Alfaguara
Publicación original: 2009
Edición española de referencia: 2017
ISBN: 9788420427478
Género: Narrativa literaria, novela documental y literatura criminal
País: Guatemala
Localización principal: Ciudad de Guatemala
Sección: Radar Negro
Fuentes
- Penguin Random House / Alfaguara. Ficha editorial y fragmento de «El material humano».
- Instituto Cervantes, Centro Virtual Cervantes. «La gestión de la memoria. El archivo histórico de Guatemala en Horacio Castellanos Moya, Francisco Goldman y Rodrigo Rey Rosa».
- El País, Babelia. Entrevista a Rodrigo Rey Rosa, agosto de 2017.
- La Tercera. Entrevista a Rodrigo Rey Rosa sobre la violencia en Centroamérica y los archivos policiales.
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